Una nueva estrella en el cielo

Tras mucho meditar, he decidido hacer y compartir esta entrada con todos vosotros. Es una entrada especial y muy emotiva para mí. Desde el miércoles brilla una estrella nueva en el cielo: Timmy nos dejó. Timmy era el abuelito de nuestra familia perruna y el menos conocido en este blog, pero no por mis amigos y familiares.

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No sabía si hacer una entrada de despedida o si continuar publicando con normalidad, pero esto último no ha sido posible. No podía mantener la normalidad cuando ni en mi interior ni en mi familia la hay. Estamos de luto.

Timmy llegó a mi familia hace casi 15 años. Por aquél entonces yo tenía 12 años y, como suele suceder muchas veces, un conocido de un conocido había tenido cachorros y yo no pude resistirme a la idea de tener otro animalito en casa. Desde bien pequeña me han apasionado los animales y llevaba a casa todo lo que se cruzaba en mi camino, pobres padres míos.

Siempre recordaré el día que lo recogí. Era el día de Nochebuena y le pedí a mis padres que me dejaran en el pueblo porque quería hacer unas cosas. Con mis ahorros compré algunas cositas para el cachorro y, después, fui a recogerlo. Me lo trajeron en una bolsa de plástico, era el único que quedaba de la camada: un peluche negro de perro rizadito que tenía dos meses de edad. Cuando lo tenía todo listo, me lo llevé a casa envuelto en una mantita y le pedía ayuda a mi hermano (mayor que yo) para que me ayudase a esconderlo hasta el momento del regalo. Mi hermano pensó que estaba loca y sí, siempre lo he estado, pero no pudo resistirse a la bolita de pelo negro. Llegó el momento del regalo y con mis padres con los ojos cerrados, le di a mi madre a Timmy en una cestita de mimbre. Cuando abrió los ojos pensó que era un peluche y tan sólo cuando él parpadeó se dio cuenta de que era un perrito.

Ese 24 de diciembre de 1999 comenzó nuestra vida compartida con Timmy.

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Timmy nunca estuvo enfermo, siempre tuvo todo lo que necesitaba y más, tuvo todo el amor del mundo en una familia que lo trataba como un hijo/hermano más. Han sido casi 15 años de alegría, de momentos compartidos y de recuerdos imborrables que siempre nos acompañarán: como cuando era un cachorro y corría alrededor de la mesa del salón como una gacela para soltar energía, cuando no podía subir las escaleras de lo pequeño que era, cuando corría detrás de Yako y le mordía los tobillos (Yako, otra estrella más, el gran danés que vivía con nosotros cuando Timmy llegó), de su manía perpetua de tumbarse a tus pies (con el riesgo de que lo pisases si no te dabas cuenta), de la forma tan original que tenía de mover su rabito corto, de mi padre malcriándolo al darle comida cuando comíamos en la mesa, nuestros cumpleaños juntos (cumplíamos el mismo día)…

Por desgracia, la vida de nuestros mejores amigos son muy cortas y el momento del fin termina llegando aunque nosotros no queramos hacernos a la idea.

Y ese día llegó el 18 de junio del 2014, hace justo una semana.

Mis padres estaban en Tenerife y Timmy se puso malo de la boca. El pobre tenía la boca muy mal y teníamos pensado operarle para retirarle las piezas dentales. Lo llevaron a un veterinario y le mandaron unos medicamentos para la infección, pero no le hicieron ni un análisis. Al llegar a Valencia, el perrito estaba peor y fuimos a mi veterinario nada más aterrizar el avión. En los análisis salió que tenía insuficiencia renal y los valores relacionados con los riñones descontrolados. Desde entonces, normalizar los valores era la prioridad. Timmy estuvo ingresado con goteros varios días, cuando se normalizaron los valores continuamos con la medicación en casa y esperamos a ver cómo evolucionaba. Pero la cosa no iba bien. Timmy dejó de comer, mi madre tenía que darle papillas con una jeringuilla, pero el perrito sólo hacía que perder peso. Estaba deprimido, triste, no quería ni pasear, no era él. Los valores se habían vuelto a disparar y la única solución era ingresarlo 24h con goteros. Estuvo varios días así y el miércoles tuvimos los resultados de los análisis: si mejoraba unos valores, otros se desarreglaban.

El miércoles: su último paseo, su última comida, su últimas caricias… Pensábamos que iba a mejor, nos resistíamos a imaginarnos que el fin estaba cerca, no queríamos ni pensar en ello, pero la realidad no entiende de sentimientos y se nos presentó como una bofetada.

En su final, Timmy estaba en el regazo de mi madre, rodeado por su familia perruna y humana. Lo vimos dormirse y lo sentimos marchar. Ha sido una de las decisiones y de los momentos más duros de mi vida.

A la sombra de un nisperero descansa quien fue nuestra vida por 15 preciosos años.

Timmy, sit tibi terra levis.

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5 thoughts on “Una nueva estrella en el cielo

  1. Preciosa historia y bonita manera de contar la vida de nuestro amigo, un abrazo y un fuerte beso de tu hermano. Por cierto, tu no estás loca, ¡peor estoy yo! jajajajajaj. ¡¡ÁNIMO!!

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    1. Cristina, muchísimas gracias por tus palabras. También me emocioné mucho cuando lo escribí. Muchos recuerdos y momentos pasaron por mi cabeza y me costó ordenarlo todo para poder expresarlo coherentemente. ¡¡Un abrazo muy muy grande!!

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