Cómo hacer que un perro y un gato se lleven bien

La convivencia entre perros y gatos, ¿es posible? A pesar de la mala fama, los perros y los gatos pueden convivir y se pueden llegar a convertir en grandes amigos. Muchas veces, los dueños de perros quieren ampliar la familia con un gato, pero se encuentran con el problema de que al perro no le gusta nada la idea. En esta entrada os vamos a contar nuestra experiencia y a explicar paso a paso cómo hacer que tu perro sea el amante número uno de los felinos.

Romeo, Gara y Titín

 

NUESTRA EXPERIENCIA

Nos suelen preguntar mucho sobre cómo es posible que nuestros perros y gato se lleven tan bien. Romeo, Gara y Titín conviven y disfrutan con su compañía: duermen juntos, se dan mimos y juegan juntos. Pero hubo un tiempo en el que la historia era bien distinta: Gara odiaba a los gatos.

Romeo nunca ha tenido problemas con otro ser vivo, pero con Gara no fue así. La enana siempre ha tenido un instinto cazador muy marcado desde cachorro. Por aquel entonces no teníamos gatos en casa, pero cuando veía cualquier otro animal por la calle o en el monte se ponía como loca.

Hacía tiempo que quería ser casa de acogida para gatos y Gara no me lo iba a impedir. Pensaban que estaba loca, pero me hice una estrategia que funcionó de lujo. A día de hoy Gara está 100% rehabilitada y es la que más juega con los gatos.

 

PASO A PASO PARA QUE MI PERRO SE LLEVE BIEN CON LOS GATOS

Lo más importante es tener PACIENCIA. Este tipo de conductas no se cambian de un día para otro, y modificarlas requiere de mucho tiempo y cuidado.

La estrategia se divide en cinco fases, cada una de ellas de mayor intensidad:

 

1. FASE OLFATIVA

El perro comienza a reconocer al gato a través del olor, sin que haya contacto directo porque estarán en habitaciones separadas. En una primera etapa hay que darle al perro objetos del gato (cama, mantas, juguetes…) para que vaya acostumbrándose a su olor.

Cuando el perro ya reconozca el olor y esté tranquilo, dejaremos que olisquée por debajo de una puerta la habitación en donde se encuentre el gato.

 

2. FASE VISUAL

El perro tendrá el primer contacto visual con el gato a través de un cristal o reja durante sesiones cortas, de cinco minutos como máximo. Esta fase finalizará cuando el perro esté completamente tranquilo ante el estimulo visual del gato.

Gara se ponía como una fiera y nos costó muchísimos días y sesiones: ladraba, rascaba, saltaba… Pero la intensidad fue bajando conforme ibamos repitiendo el ejercicio, hasta que un día comenzó a hacer vida normal a pesar de ver el gato: dormir, jugar, comer…

 

3. FASE DE CONTACTO DIRECTO LIMITADO

El perro tendrá el primer contacto corporal con el gato, pero será limitado porque llevará correa corta y bozal. Como en la fase anterior, se harán sesiones cortas, de cinco minutos como máximo según la reacción del perro.

El bozal nos garantiza que el perro no muerda al gato cuando esté muy nervioso. También es importante usar la correa en una primera etapa a pesar de que el perro lleve bozal, porque así controlamos sus movimientos y evitamos que agobie físicamente al gato (lo puede pisar, arañar o tumbarse sobre él).

Es importante que aprendamos a leer el lenguaje corporal del perro para prever su conducta. Los principales gestos de excitación y nerviosismo en los perros son los lloros, relamerse, temblar, gruñir, emitir ladridos agudos, soltar babas, tener pelo erizado y el rabo muy tieso y elevado.

Una vez el perro no haga movimientos bruscos y esté calmado, se repetirán los ejercicios sin correa y manteniendo el bozal.

 

4. FASE DE CONTACTO DIRECTO CONTROLADO

El perro interactuará con el gato sin ninguna limitación física en sesiones cortas, de 5 minutos como máximo. La duración de las sesiones se irán aumentando conforme el perro se comporte mejor.

Siempre habrá un humano vigilando las reacciones del perro, su lenguaje corporal. Ante cualquier cambio en el carácter del perro o síntoma de peligro, se finalizará la sesión y, si es una reacción grave, se pasará a la fase anterior de contacto directo limitado.

 

5. FASE FINAL

La fase final comenzará cuando el perro se haya comportado con el gato con total normalidad, sin nerviosismos ni ataques. Al principio no se dejará al perro con el gato solos para evitar problemas, por ejemplo cuando nos vayamos de casa. Cuando ya pasen semanas y veas signos de convivencia: duermen cerca, juegan, come en su presencia sin marcar… podrás dejar al perro siempre con el gato.

 

Dora y Romeo

 

RECOMENDACIONES

Hay que afrontar este reto con calma y con mucha tranquilidad. Sin que seamos conscientes de ello, el perro percibe nuestro estado anímico y nuestros nervios, por lo que es vital prepararse antes de cada sesión.

Cuando el perro esté obsesionado con el gato, hay que distraerlo: pasear, con juegos o palabras. Además, siempre hay que premiar los pequeños avances de nuestro perro con premios, caricias, buenas palabras… Reforzar los cambios, aunque sean nimios, ayudará a que el proceso avance y se afiancen las nuevas conductas.

Y lo más importante de todo: si no te sientes capaz de afrontar el reto y tienes miedo, acude a un educador canino.

 

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